Índice de entradas

Índice de entradas:
1. Introducción.
2. Comprar menos cosas es mejor. Menos cosas, pero de buena o aceptable calidad.
3. Comprar cosas producidas más cerca: menos transporte y/o menos cámara frigorífica es mejor.
4. Comprar productos de temporada cercanos: sin cámara frigorífica o menos cámara es mejor.
5. Menos coche: coche menos pesado, menos caballos, menos velocidad, menos kilómetros, menos acelerones. Mejor: alquilar por minutos pequeños coches eléctricos en algunas ciudades.
6. Comer menos carne es mejor (si actualmente comes mucha o muchísima carne).
7. Comer un poco menos, comer un poco mejor, andar un poco más: la dieta con sentido común.
8. Menos barbacoas, menos quemas, menos negligencias, menos fuegos. Causar un incendio, aunque sea involuntario, puede costarte mucho, incluso ir a prisión.
9. Menos climatización. La paradoja de demandar 26ºC en invierno y 20ºC en verano.
10. Menos productos químicos: de limpieza, de higiene, fitosanitarios.
11. Mucho mejor : comprar productos de limpieza ecológicos a granel, reciclando los envases, en Aranda de Duero, Gijón, Madrid, Miranda de Ebro (Arenal 110), Mollet del Vallés, Pinto, Pontevedra, San Vicente de Raspeig, Vitoria-Gasteiz...
12.Consumir mucha menos energía (y dinero) cambiando nuestros viejos cacharros. Algo sencillo: cambia tus bombillas a LED. Algo más gordo: hemos sustituido, casi gratis, nuestra antigua caldera comunitaria por una de condensación de gas natural.
13. Menos deforestación. Siembra y planta árboles con mi otro blog: http://plantararboles.blogspot.com

jueves, 9 de marzo de 2017

Menos barbacoas, menos quemas, menos negligencias, menos fuegos. Causar un incendio, aunque sea involuntario, puede costarte mucho, incluso ir a prisión.

Pocas cosas hay tan peligrosas como el fuego, pero todavía perdura en nosotros una desmedida afición a las fogatas, en recuerdo, sin duda, de nuestro pasado cavernícola. Al fuego hay que tenerle mucho respeto. Lo mejor es no hacer fuego pero, si se hace, hay que vigilarlo, tenerlo bajo control. Porque una vez que se nos escape, casi siempre a causa del viento, se convierte en una furia incontenible, extendiendo su perímetro de tal manera que se hace difícil atajarlo. El fuego, con apenas viento, anda. Con viento, corre. Con mucho viento, vuela. Por eso, si se nos escapa un fuego hecho por nosotros o vemos un fuego en donde no debería haberlo, desde el primer minuto hay que procurarse todos los medios o pedir todas las ayudas a fin de extinguirlo. Más vale pasarse que quedarse cortos.

Estando de vacaciones tuve ocasión de ver cómo un helicóptero trataba de apagar un pequeño fuego en el monte. Tomaba agua de la ría cercana y la lanzaba sobre las llamas, pero no conseguía apagarlo. Así estuvo como hora y media, hasta que llegó otro helicóptero. Entre ambos, no tardaron más de un cuarto de hora en extinguirlo. Es evidente que si los dos helicópteros hubieran acudido desde el principio, no les hubiera durado el fuego ni diez minutos, con el resultado de menos monte quemado y de que los dos aparatos habrían estado disponibles mucho antes para otra operación.

Rapidez en atajar los incendios con todos los medios disponibles. Si no se hace así, el fuego se expande vertiginosamente y se deben movilizar muchos más medios que los que se hubieran necesitado al principio. No tiene sentido no pedir ayuda a más bomberos o a la U.M.E. hasta que no haya un determinado número de hectáreas quemadas y tus retenes estén desbordados. No se debe actuar solo bajo el criterio del daño causado hasta un momento determinado sino sobre todo teniendo en cuenta el riesgo potencial de todo el daño que se puede producir: que se queme toda una comarca. La angustia, el dolor y la ruina que producen los grandes incendios valen muchísimo más que el coste de movilizar recursos que se tienen en estado de espera.

Una gran mayoría de incendios son provocados por pirómanos, por intereses y por venganzas. Digamos que son fuegos intencionados por malas personas. Pero, como si ya tuviéramos poco con los fuegos intencionados y naturales, tenemos los incendios no intencionados, provocados por descuidos y negligencias de gente tonta. Porque a los tontos no se les ve venir, nos pillan desprevenidos, causando daños importantes.

Que los delincuentes, incluidos los que provocan incendios intencionadamente, acaben detenidos, enjuiciados y encarcelados, entra dentro de sus cálculos. Pero es bien triste que personas honradas y respetables se vean en las mismas circunstancias si por negligencia o imprudencia causan grandes daños, incluso con fallecidos (En España fallecen en los incendios 8 personas de media al año, incluidos los profesionales de la extinción, lo que supone un salto cualitativo en las penas para los culpables).

BARBACOAS.

Hacer una barbacoa supone dejar ese sitio seguro que tenemos para guisar los alimentos, llamado cocina, para ponerse a cocinar al aire libre, bien en el exterior de la vivienda, bien en pleno campo, en sitios autorizados o no. Normalmente, las barbacoas se hacen en los meses más secos y calurosos del año. Añádase que, generalmente, las barbacoas las hacen aquellas personas que no cocinan casi nunca (cocinillas). Un cóctel perfecto para que tengamos algún tipo de incidente con el fuego, que pueden convertirse en grandes incendios si hace más o menos viento, como los dos casos siguientes:

Verano de 2005, en la provincia de Guadalajara. A partir de una barbacoa se originó el incendio más pavoroso de las últimas décadas, con el resultado de 11 fallecidos profesionales de extinción de incendios. Solo una vida humana vale más que todas las barbacoas del mundo. Además se quemaron 13.000 hectáreas (26.000 campos de fútbol), con la consiguiente contaminación de aire, tierra y agua y la ruina de muchos sectores. Aunque la barbacoa se hizo en zona autorizada, se cometieron imprudencias y negligencias, pues hacía bastante viento y no se apagaron las brasas, echando agua encima. Tres excursionistas fueron encausados y uno de ellos condenado.

Verano de 2013, en la isla de Mallorca. Se quemaron alrededor de 1.700 hectáreas (3.400 campos de fútbol) en la Sierra de Tramontana, un espacio especialmente protegido. Se originó por tirar las cenizas de una barbacoa casera fuera del patio, sin haberlas apagado totalmente echando agua encima. Prendió la hierba seca y el viento extendió el fuego. Imputada una persona por imprudencia.

Debería prohibirse hacer fuego en el campo para cocinar. Si la segunda mitad de la primavera, todo el verano y la primera mitad del otoño puede considerarse de alto riesgo, el resto del año no está exento de peligro, pues hay años especialmente secos y hay momentos de fuertes vientos. Pero no debería ser necesario que nos lo prohibieran. Hay que convencerse que nada puede superar a unos filetes empanados y una tortilla de patata que llevemos cocinados de nuestra casa. O a unos bocadillos de jamón y queso, unas almendras y unas cervezas. Si, de todas formas, os decidís por la barbacoa, que siempre sea en zona autorizada, que no haga viento ese día, tened garrafas de agua a mano, y verterlas encima de las brasas nada más acabar de cocinar. Solo entonces deberíais empezar a comer (y a beber).

QUEMAS.

Conozco un pequeño pueblo en el que se repoblaron con pinos gran parte de sus laderas baldías. Como se oponían los pastores, se hizo por decreto, durante tres inviernos a final de la década de los 50. El primer año se dió trabajo a unos 50 empleados traídos de otras provincias (un error). Los dos inviernos siguientes trabajaron en la repoblación peones del pueblo, lo que supuso una aportación extraordinaria y en metálico para las familias del pueblo. Se encargó la guardería a un guarda forestal foráneo (otro error) que vivió en el pueblo unos 20 años.

Sin guarda y a lo largo de muchos años de quemas de rastrojos, bien porque las quemas se hicieran en días de viento, bien porque no se le daba mucha importancia a los incendios, el caso es que apenas quedan en el pueblo un millar de pinos de los muchos miles que se plantaron. Donde más pinos han quedado es en la ladera situada encima de la carretera (eficaz cortafuegos) cerca del pueblo. Hoy ya no se queman los rastrojos, pues la paja se vende a una planta de generación de energía a partir de biomasa. De todas formas, ahora existen diversas NORMATIVAS para la quema de rastrojos.

Aún así, o no se cumplen esas normativas o algo se hace mal. A final de otoño de 2015 llamaron sobremanera nuestra atención los más de 100 incendios forestales producidos en la España húmeda. La gran mayoría se propagaron a partir de las habituales quemas de pastos (autorizados o no), en un otoño especialmente seco y caluroso y coincidiendo con días de fuerte viento en Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Leo estos días, que de las INDAGACIONES efectuadas, hay una veintena de ganaderos.

Es más, también LEO estos días de Febrero de 2016, que en 5 días han resultado 3 personas muertas en 3 incendios diferentes, provocados por la quema de rastrojos. Noticias así se suceden a lo largo del año, en las que además de fallecidos se habla de incendios forestales.

Pues habrá que ir en cuadrilla y quemar primero una finca entre todos, y luego la siguiente. Con medios para controlar que no se nos vaya el fuego y, si se nos empieza a ir, poder apagarlo. Y en días que no haga viento.

No entiendo tampoco ese afán por quemar ¿No hay alternativas?. ¿Por qué se tienen que quemar los restos vegetales, los restos forestales?.¿Por qué se permite que en los basureros haya fuegos, en los que se esté quemando cualquier tipo de materia (neumáticos, gomas, plásticos), incluso propagarse el fuego al exterior con un golpe de viento?. Un neumático inservible como mejor está es tal cual. Quemarlo supone emitir al aire gases y partículas tóxicos y dejar en el suelo cenizas igualmente tóxicas, que irán a parar finalmente al agua. La combustión de la materia vegetal produce gases, entre ellos el dióxido de carbono CO2, principal causante del cambio climático.

A veces también se producen fuegos forestales a partir de incendios iniciados por cosechadoras de cereal y otras máquinas agrícolas. Existe una normativa también para prevenir esta clase de incidentes. No se puede cosechar en días de alto riesgo (mucho viento, altas temperaturas y sequedad de ambiente). Y además, en la cosechadora se deben llevar aparatos de extinción de fuego y bidones de agua.

OTRAS NEGLIGENCIAS. La casuística es muy amplia y variopinta, como ilustran estos 4 casos:

Verano de 2015, quemadas más de 8.000 hectáreas en la sierra de Gata. Surge el incendio al lado de las piscinas naturales de Acebo. Parece un descuido, quizá una colilla. Acuden 2 retenes y lo apagan. Uno de ellos permanece de guardia, pero sin haber rellenado de agua su depósito, se reaviva el fuego y no puede apagarlo (VER)

PRÁCTICAS DE TIRO, militares o civiles. Ver estos dos casos, un incendio por prácticas MILITARES de tiro y otro incendio por prácticas de tiro realizadas por CIVILES, también con diligencias judiciales de por medio en ambos casos.

Los FUEGOS ARTIFICIALES, cohetes festivos y bengalas, también tienen su riesgo. No se deben hacer si el día (o la noche) es de alto riesgo (viento, mucho calor, sequedad) y, de todas formas, hay que poner todos los recursos necesarios (bomberos, retenes) para atajar desde el principio cualquier conato de incendio. Imputado un alcalde por un INCENDIO al lanzar fuegos artificiales.

© José Luis Sáez   Marzo 2016

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